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Economía solidaria:
la fuente de una nueva teoría económica

¿Cómo salir de la crisis económica? Muchos investigadores están cuestionando y explorando nuevas vías de investigación. Es el caso de nuestros trabajos sintetizados en el libro "Principes d’économie solidaire" (2011). Este libro concluye con la necesidad de cambiar radicalmente nuestra forma de pensar la economía para salir del estancamiento actual. Contra el liberalismo, esta nueva visión de la economía (que llamamos deliberalismo) se basa en una idea simple: en democracia, la mejor manera de asignar los recursos no es la mano invisible del mercado, sino la deliberación de los diferentes partidos presentes. El deliberalismo se basa en el estudio de las experiencias innovadoras de la economía solidaria: « ressourceries », redes de intercambios recíprocos de conocimientos, etc ... 
 
La caída del muro no marca el fin de la historia, más bien refleja las debilidades de nuestro sistema económico 
La caída del muro de Berlín parecía afirmar el triunfo del mercado autoregulado. Pero la crisis ha pasado por allí. Esta recuerda no sólo las deficiencias del mercado, también reafirma el carácter profundamente político de la economía. El mercado generalizado no debe ser el "fin de la historia"; más que nunca, el sistema económico del futuro tiene que ser inventado. ¿Qué será? Nadie lo sabe, pero muchos lo quieren más justo, más democrático, más responsable. En esta perspectiva, la economía solidaria ofrece interesantes vías de reflexión. Sus cuatro características son: 
- Una militancia política que combate la globalización económica trabajando por una globalización de la solidaridad. 
- Un conjunto de prácticas económicas que dinamizan un territorio a la vez que se liberan de los mecanismos de la oferta y la demanda o de la especulación monetaria. 
- Un proyecto global para la sociedad, una utopía que da esperanza de una sociedad más justa con la propuesta de ampliar (a la esfera económica) y profundizar (más participación) la democracia. 
- Un nuevo modelo teórico basado en la idea de que, en la nueva sociedad del conocimiento, el mejor factor de asignación de recursos no es el mercado, sino la deliberación. 

El interés de un estudio detallado de la economía solidaria es incitarnos a renovar nuestro enfoque de la economía 
Así como Adam Smith en su época, descubriendo las leyes de mercado a partir de las iniciativas económicas innovadoras (fábrica de alfileres), nos parece posible apoyarse en las iniciativas solidarias más innovadoras para hacer emerger el principio que las caracteriza: la deliberación (Habermas, 1997). Este término es un concepto clave de la democracia. Esta última, no puede reducirse a un procedimiento: la votación de los líderes. La democracia se caracteriza por la existencia de un espacio público en el que se debate el interés público. La cuestión de la producción y de la distribución de la riqueza es inevitablemente tomada en cuenta en este debate. Sin embargo, decir que el orden económico es un constituyente esencial de la sociedad democrática, no significa que la democracia y el capitalismo son uno. 
Fernand Braudel (1980) define la sociedad como "l’ensemble des ensembles", un juego de alianzas y oposiciones entre sistemas con lógica propia: el económico, el político, el simbólico.
Integrar, en el análisis económico, la dimensión política y simbólica, no es sólo volver a una economía política importante para los clásicos. Es, sobre todo, dotarse de los medios para capturar la complejidad del contexto (la sociedad democrática) en el que se inserta la economía de nuestras sociedades.


No se trata de negar las características particulares de la economía, sino ofrecer una nueva visión no separada de la realidad democrática, sino regida por su mismo modo de regulación: la deliberación.
Así, la deliberación, entendida como la construcción de las normas comunes a través de la confrontación de puntos de vista diferentes de actores en igualdad de derechos, ya es una realidad económica. La encontramos, por ejemplo, en la gestión de los bienes comunes descrita por el premio Nobel E. Ostrom (2010), el surgimiento de la sociedad del conocimiento (Wikipedia, por ejemplo) y, por supuesto, en la mayoría de las iniciativas de economía solidaria. Lo que justifica el término “deliberalismo” que utilizamos para caracterizar el modelo económico alternativo que lleva en sí la economía solidaria. 


El "deliberalismo": una nueva teoría que conduce a una concepción evaluativa del orden económico 
Deseando participar en la renovación de la conceptualización de la economía, nuestras investigaciones se inscriben en lo que proponemos llamar el "deliberalismo". Es un juego de palabras que destaca la idea que la libertad no es patrimonio exclusivo del liberalismo, que marca la posibilidad de construir un modelo teórico opuesto al modelo liberal y que inscribe nuestro trabajo en un modelo teórico interdisciplinario donde la deliberación es entendida como principio regulador de la economía de las sociedades democráticas. De hecho, como lo demostraron las investigaciones de excelencia de JL Laville (2010), las iniciativas solidarias, por la implementación de "espacios públicos de proximidad", indica que la deliberación colectiva es, al igual que los arbitrajes del mercado o la regulación del Estado, un principio económico. Las iniciativas solidarias demuestran la posibilidad concreta de producir, distribuir y gastar "alternativamente", pidiendo la opinión a los diferentes actores, es decir, sometiendo las variables económicas a las decisiones de la deliberación colectiva. Dicho de otra forma, las normas económicas pueden venir de un debate contradictorio entre los actores. Esto es lo que llamamos la concepción evaluativa de la economía. El término "evaluación" debe entenderse en dos sentidos. Por un lado, la economía, poniendo valor monetario a los recursos permite su evaluación. Por otro lado, el tamaño de la economía y su importancia en la sociedad dependen de la evaluación de los actores (de la elección de ampliar o restringir las actividades de monetización a varias actividades). Así, nuestro enfoque no postula la escasez o falta (algunos bienes pueden serlo o faltar, otros no), sino que define el orden económico como el de la valorización de los recursos. Sin embargo, según el “Tresor de la langue française ”, un recurso es " un moyen permettant de se tirer d'embarras ". Entonces, decir que el orden económico es la valorización de los recursos significa que está usando medios naturales, humanos y artificiales para ponerlos al servicio de la mejora del bienestar. Este orden económico incluye las actividades no monetarias, la auto-producción por ejemplo, y las actividades monetarias que llamamos la economía. De hecho, a partir de la distinción de C. Lefort (1986) entre lo político (el desarrollo de la norma) y la política (la lucha por el poder), distinguimos lo simbólico (circulación del creer) del simbólico (el uso de símbolos) y por supuesto el económico (la valorización de recursos) de la economía (la valorización monetaria de los recursos). Proponemos dos precisiones: 
- La economía se define, en esta construcción teórica, como la esfera de la valorización monetaria. Esta definición de la economía (intercambio de divisas) es minoritaria, pero no aislada. Por ejemplo, B. Schmitt (1984) o los miembros de la escuela de la regulación como F. Lordon o A. Orlean (2006), consideran también la moneda como el criterio de la existencia de la economía. 
- Este valor monetario no pasa necesariamente a través de la utilización de la moneda oficial. Un SEL o una moneda social forma totalmente parte para nosotros, de lo que llamamos la economía. 

Basado sobre sus prácticas innovadoras, es posible, desde un punto de vista teórico, conceptualizar la economía solidaria como un nuevo modelo de oposición al modelo neoclásico dominante (Tabla 1). La originalidad de esta investigación es que el enfoque teórico propuesto no es principalmente un enfoque económico sino que articula economía, política y simbolismo. Se trata, no de pensar la economía como externa al tema social, sino como incorporada en nuestras democracias. Salir de la crisis sólo es posible si salimos de una concepción inadecuada de la economía. 
Tabla 1: Deliberalismo y neoclásicos: dos visiones opuestas de la economía